Alcemos nuestra voz en defensa del Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos

Daniel E. Rodríguez Infante, abogado argentino y defensor de los derechos humanos, contribuye la siguiente nota, la cual urge a la sociedad civil que actúe para defender el Sistema Interamericano de protección de los derechos humanos, el cual se encuentra en riesgo de que su independencia sea comprometida o que se disminuya  su rol esencial en la promoción y protección de los derechos humanos en las Américas. El Sistema Interamericano está compuesto por dos órganos: la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En las próximas semanas, los visitantes al sitio web de IJRC podrán ver un video y manual educativo sobre el Sistema. 

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por Daniel E. Rodríguez Infante

Lamentablemente no cuento en este momento con el tiempo que ameritaría formular una defensa digna de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), organismo que ha trabajado incansablemente por los derechos humanos en nuestra América. No obstante, trataré de sintetizar algunas breves consideraciones que muy lejos están de satisfacer todo lo que debería decirse al respecto. Las opiniones que aquí dejo sentadas no tienen que ver con mi paso por dicho Organismo, toda vez que -pese a que tuve la oportunidad de presenciar directamente su trabajo comprometido, serio e independiente- no tengo más prueba de ello que mi palabra, sino que acudiré a información general y de público conocimiento -de modo que quien que tenga verdaderamente intenciones de verificar dichos postulados, pueda hacerlo.

fuente: OEA

Los ataques a la Comisión Interamericana y a todo el sistema Interamericano de protección de los Derechos Humanos que estamos presenciando a través de la prensa (y que no son nuevos, pero parecen estar cobrando mayor fuerza en estos últimos tiempos) bajo el pretenso argumento de que dicho sistema actúa como una extensión de los intereses norteamericanos es absolutamente falsa. La sociedad civil debería hacer escuchar su voz y defender un sistema de protección de los derechos humanos que tantas vidas ha salvado en nuestras Américas y que ha significado una contribución enorme a los procesos de reconocimiento, promoción y vigencia de los Derechos Humanos en todo nuestro continente.

fuente: OEA

Países con colores políticos diversos e incluso antagónicos se alzan contra la CIDH y contra el Sistema todo, lo cual demuestra que -aún con el presupuesto deficitario en que la Comisión Interamericana se ha visto sumida  por los propios países responsables de su mantenimiento- permanece trabajando con seriedad e independencia por los derechos de tod@s l@s habitantes de nuestro hemisferio. El gobierno de Venezuela, Ecuador, Bolivia y otros atacan a la CIDH atribuyéndole dependencia de los EEUU. Países que no forman parte de la corriente progresista latinoamericana la atacan bajo argumentos distintos. Por su lado, EEUU rechaza en cada audiencia la competencia de la CIDH que pese a dicha negativa continúa condenando a este país -al igual que a todos los demás que forman parte del Sistema- por múltiples violaciones a los DDHH.

fuente: OEA

El ataque multifrontal no hace otra cosa que demostrar que, aún con sus múltiples limitaciones -provocadas, repito, por la deliberada acción de los propios Estados que se obligaron a mantener este sistema- la CIDH mantiene su vocación por los derechos de cada un@ de los habitantes de nuestro continente. No olvidemos la visita de la CIDH a la Argentina en plena dictadura militar, su trabajo constante y comprometido contra la impunidad del Perú de Fujimori o de algunas estructuras del Estado colombiano cómplices del paramilitarismo. Tampoco olvidemos, sólo  por citar un par de entre decenas de ejemplos, la reinvindicación de nuestros pueblos indígenas, muchas veces a costa de grandes proyectos de inversión, financiados por grandes empresas mineras u otros emprendimientos multinacionales a los que nadie dudaría en vincular con el imperio al que la Comisión alegadamente favorece.

Colombia ha acusado a la CIDH de favorecer a las FARC, mientras que Venezuela acusa a la CIDH de favorecer al imperio. Creo que posiciones como éstas, que son sólo ejemplificativas, no hacen otra cosa que mostrar que desde las más antagónicas posturas se busca un objetivo común: debilitar un sistema que ha funcionado efectivamente como contralor de las violaciones a los derechos humanos fundamentales cometidas por todos los gobiernos de nuestra América. Las múltiples razones que están detrás se encolumnan en pos de una principal: acabar con un sistema que se muestra independiente y procurar establecer uno que pueda ser manejado con más docilidad.

Aclaro que los cambios, siempre que sean positivos, proyectados racionalmente, debatidos, participativos -y especialmente inclusivos de las organismos, ONGs y defensores y defensoras de los DDHH-, y dirigidos a mejorar el funcionamiento del Sistema son bienvenidos. Esto, claramente, no es lo que está ocurriendo.

fuente: OEA

Lamentablemente me falta tiempo para continuar, pero no podía dejar de instar a quienes conocen el Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos a hablar en su defensa. A quienes han sido confundidos por discursos mezquinos y falsos, a quitarse las vendas de los ojos y mirar las verdaderas intenciones detrás de estos embates. Como en este momento histórico, los embates parecen concentrarse en la presunta dependencia de la CIDH con relación a los EEUU, me permito poner algunos ejemplos que demuestran su falsedad. Hay muchísimo más que puede encontrar fácilmente quien quiera hallarlo. Dejo a modo meramente ilustrativo: condenas contra Guantánamo, decisiones y pronunciamientos en contra de la pena capital, comunicados de prensa, publicaciones, informes de fondo y una larguísima lista de etcéteras con relación a los Estados Unidos de Norteamérica. Abramos nuestros ojos. Alcemos nuestra voz.

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